Operacion Chavin de Huantar 22 de abril 1997





B. LA TOMA

Foto dramatización

Primeros momentos de la Toma de la Embajada

La toma de la embajada japonesa en Lima comenzó el 17 de diciembre de 1996, cuando 14 miembros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) tomaron como rehenes a cientos de diplomáticos, oficiales del gobierno y militares de alto rango y hombres de negocios que asistían a una celebración con ocasión del 63º aniversario del nacimiento del Emperador de Japón Akihito organizada en la residencia oficial del embajador de Japón en Perú, Morihisha Aoki. La toma se realizó por la parte posterior a la residencia, por los jardines, a través de un forado en una de las paredes, ocasionado por una fuertisima explosión que desconcertó a todos los invitados. Luego de una balacera, el embajador Aoki se tiró al piso de un salón conducido por el encargado de su seguridad, mientras el resto de invitados corría también a refujiarse dentro de los salones, pero eran demasiados al mismo tiempo y no lograban entrar todos. El resto se tiró donde pudo. Los emerretistas ubicaron al embajador Aoki entre la masa aterrada del salon y lo empujaron hacia la puerta para que, a través de un megáfono, pidiera a la policía que dejára de disparar mientras un emerretista lo apuntaba con su fusil.

Pasados unos minutos la balacera se calmó, pero esta calma duró poco, porque instantes después un olor ardiente se expandió en el interior y acrecentó el pánico. La policía había lanzado bombas lacrimógenas sin calcular que los terroristas contaban con máscaras antigás. Michel Minning, representante de la Cruz Roja en el Perú y que estaba entre los rehenes, tomó el megáfono para alerta que estaba a punto de ocurrir una tragedia si continuaba la policía. Solo entonces el contrataque policial se detuvo.

En los minutos siguientes los rehenes pudieron observar al hombre grueso y enérgico que comandaba la operación terrorista. Se presentó como el comandante Hemigidio Huerta, pero uno de los militares el general Carlos Domínguez, tuvo que recordar que aquella noche en La Molina, en que una operación apresurada bajo su mando, lo había dejado escapar. Era Nestor Cerpa que soltó otra de sus arengas que parecían enardecer su voluntad de combatiente y anunció que su objetivo era canjear a los presentes por los mandos presos del MRTA.

Dentro de los rehenes se encontraban el canciller Francisco Tudela, la madre y hermana del presidente Alberto Fujimori, entre otros.
Los integrantes del grupo armado emerretista que tomaron la residencia del embajador japones eran:
Néstor Fortunato Cerpa Cartolini (c) “Evaristo”
Roli Rojas Fernández (c) Arabe”
Eduardo Nicolás Cruz Sánchez (c) “Tito”
Luz Dina Villoslada Rodríguez (c) “Gringa”
Alejandro Huamaní Contreras
Adolfo Trigoso Torres
Víctor Luber Luis Cáceres Taboada
Iván Meza Espíritu
Artemio Shigari Rosque (c) “Alex” o “Cone”
Herma Luz Meléndez Cueva (c) “Cynthia”
Bosco Honorato Salas Huamán
Salomón Víctor Peceros Pedraza
Y otros dos que hasta la fecha no han sido identificados.


La noche del secuestro, una vez tuvo la residencia bajo control, cedió al razonamiento humanitario del representante de la Cruz Roja para que liberase a las mujeres y ancianos. Minutos antes, Cerpa pregunto varias veces si entre los presentes se encontraba algún familiar del mandatario y el propio anfitrión le había asegurado que no. Cuando los dos grupos de mujeres salieron y la prensa anunció en vivo y en director los nombres, Cerpa estallo en rabia cuando las cámaras enfocaron a la madre y a la hermana del presidente Fujimori, entonces recriminó a gritos al embajador Aoki acusandoló de mentiroso y en represalia, canceló las liberaciones en medio de los lamentos de las personas que esperaban salir de esa traumatica situación.

En la primera mañana del secuestro, el jefe de los terroristas se acercó al general Domínguez con la actitud de quien ha burlado a la justicia, después de una larga persecución y le recordó el último episodio en que había estado a punto de ser atrapado, un año atrás, en una vivienda del distrito de La Molina. "Si usted hubiera vigilado la casa una semanita, no estaríamos acá, porque allá íbamos a llegar todos nosotros", dijó el líder del comando emerretista. Era mediados de diciembre de 1996 y faltaban 126 días para su muerte.

Según comentarios recogidos de los rehenes en el libro "Sombras de un Rescate" por David Hidalgo, Cerpa parecía excitado por el contundente éxito del ataque a la residencia del embajador japonés: tenía en sus manos a los más altos jefes policiales del país, a ministros, embajadores, empresarios peruanos y extranjeros y, aunque ya había dejado escapar a la madre y a la hermana del presidente, podía suponer que con los rehenes que tenía podía cumplir su cometido de canjearlos por prisioneros terroristas en las carceles peruanas, entre ellas su esposa Nancy Gilvonio.

El MRTA y Néstor Cerpa

Expertos opinan que la toma de rehenes realizada por los terroristas del MRTA fue la operación más perfecta que realizó dicho grupo armado en sus quince años de historia. Sin embargo, la operación que el grupo terrorista tenía como principal objetivo, erá la toma del palacio legislativo con la mayor cantidad de parlamentarios posibles. El objertivo era canjearlos por emerretistas presos.

Una noche de noviembre de 1995, la policía inició la observación de una casa en el exclusivo distrito limeño de La Molina, una zona de residencias y condominios custodiados por vigilantes particulares. Un emerretista arrepentido la señalaba como una de las escuelas del MRTA.

La policía comenzo a realizar el seguimiento a un hombre maduro de apariencia distinguida y a una muchacha joven, alta, de bellos rasgos caucásicos que habitaban dicha casa. Resultaba evidente que ambos erán extranjeros. Los agentes policiales siguieron de cerca a la mujer blanca, que se encontró en un centro comercial con una mujer más baja y trigueña, que se dirigía a la sede del Congreso de la República.  En los días siguientes la rutina de las mujeres, quienes se presentaban como una periodista extranjera y su fotógrafa local, se repitió con una frecuencia inusual. Días después los agentes policiales detuvieron al ciudadano panameño Pacífico Castrillón, quien no tardó en confirmar que la casa era una base del MRTA. La alerta corrío rápido y media hora después la policía detuvo en un ómnibus de transporte público a la norteamericana Lori Berenson y a su compañera peruana, Nancy Gilvonio, la esposa de Néstor Cerpa, quién le había asignado el papel de fotógrafa asistente de Lori Berenson.

Dentro de la casa de La Molina se encontraban unas 25 personas, todas armadas con unos sesenta fusiles AKM y municiones, y ya para entonces, se encontraba sitiada por varios patrulleros inclusive con el apoyo de más contingentes de la Marina y el Ejército. Luego de toda una noche de fuerte lucha entre las fuerzas del orden y los subversivos, se entregaron a las 8 de la mañana 22 militantes emerretistas y Miguel Rincón, otro miembro de la cúpula del MRTA.

En la base emerretista se encontró un mapa del Congreso de la República y una maqueta en la que aparecían señalados los accesos más importantes, según los datos que traía Lori Berenson de sus visitas como supuesta periodista. Ella proveía toda la información necesaria para que la operación de la toma del palacio legislativo sea un exito, pero esta fue frustrada por la intervención de la policia y fuerzas armadas. La policía quiso presentar esa captura como un golpe duro contra el MRTA, pero fue una operación apresurada ya que dentro de una semana, tal como lo había comentado Cerpa, todos los terroristas que participaron de la toma de la embajada llegarían a esa casa. De esta manera, el comandante de los emerretistas se escapo por segunda vez, la última que estuvo realmente de caer.

La primera vez que estuvo a punto de caer, fue en una mañana de junio de 1993 cuando varios agentes de la DINCOTE montaron guardia cerca de una casa en el distrito de San Miguel, según lo informado por una persona que brindo información que hacía tiempo que en esa casa se realizaban reuniones de militantes del movimiento revolucionario. Durante transcurrido el día, por la tarde, los agentes apresaron a dos mujeres que hábían salido de esa casa. Una de ellas era Teodora Rodriguez, una mujer que había escapado de una balacera en 1991 en un barrio de Miraflores. Cuando los agentes le preguntaron como había conseguido las claves para entablar contactos y un cuaderno con instrucciones para manejar la radio, ella respondió que se lo había entregado un compañerop al que decía conocer como "El Gordo". Dicho sujeto había estado ese mismo día en la casa hasta la hora del almuerzo, en que se retiró sin mayores señas, antes de que ellas salieran a tomar el ómnibus. Cuando los agentes sospecharon de su descripción y le mostraron una foto, ella aceptó que el hombre era Néstor Cerpa Cartolini. Había escapado por muy poco.

De esta manera, luego de haber escapado por segunda vez, Cerpa reaparecería con otras armas y otros hombres, más decidido y más obsecado que nunca ya que habían desbaratado su importante operación para la toma del congreso y también aprisionado a su esposa. Una revista estadounidense publicó por esos días de la toma de la residencia del embajador japonés, una portada que sugería la toma como un acto de amor guerrillero, un reportaje ingenuo y amarillista que, sin embargo, mostraba una de las dimensiones en que acaso debía estar funcionando el cerebro del jefe emerretista.

Uno de los garantes que participaba en esos días de la mesa de negociación con los subversivos, dijo que Cerpa estaba cada vez más preocupado por su mujer y que el terrorista tenía ese flanco conmovido. Si Nancy Gilvonio estaba presa en ese momento era en gran parte su responsabilidad.

Durante el transcurso de los días que mantuvieron secuestrada la embajada, Cerpa se veía cada vez más desgastado y sus reacciones eran cambiantes, es decir, podía ser amable o soberbio por momentos, pero a veces se mostraba más razonable y otras volvía a la ciega intransigencia inicial: estaba acorralado entre sus propias intenciones y las exigencias de sus mandos. Mientras algunos secuestradores del MRTA permanecían optimistas sobre la salida de la crisis, otros se estaban volviendo pesimistas y eso originaba ciertos roces entre Cerpa y sus altos mandos dentro de la toma.

Hacía la quincena de abril de 1997, el Monseñor Cipriani, que erá la única persona en que parecía confiar de entre todos los personajes de la crisis, le mostró una carta que Nestor Gabriel, el hijo mayor de Cerpa de diez años, había escrito al religioso desde Nantes, Francia, para pedirle que intercediera por una solución pacífica. Cerpa, conmovido, escribio una carta de respuesta que enviaría igualmente a tráves de Cipriani. Era una misiva como lo señala el libro de David Hidalgo, de una ternura extraña en un hombre con varios asesinatos en su historial.

A continuación, una transcripción de dicha carta hecha de Néstor Cerpa a su hijo Néstor Gabriel:

"Hijito, te cuento que el monseñor Juan Luis Cipriani me ha mostrado la carta que le enviaste. De verdad, mi osito, me ha conmocionado esa madurez de tus palabras y el deseo de tus sentimientos. Mira, yo te puedo decir que desde que nos conocimos con monseñor Juan Luis Cipriani (...) está haciendo todo lo humanamente posible para buscar una solución buena como a la que tú aspiras; entonces te digo, mi pequeño, que ha sido una gran idea de tu parte escribirle a él. Es tu granito de arena para contribuir a una solución y además es algo de enorme importancia para mí, porque comprendes perfectamente por qué ocurrió todo esto. Créeme, ni yo ni tu mamita jamás olvidaremos este gesto de luchar por tus padres y tenerlos algún día nuevamente cerca, sobre todo a tu mamita porque tanto ustedes como yo la necesitamos muchísimo (...). Siempre te dije que la solidaridad es la mayor virtud de los hombres. Yo soy solidario con mis compañeros en prisión y especialmente solidario con tu mamita, porque al ser solidario con ella lo soy con ustedes porque la necesitan a su lado y no hay otra forma de sacarla de la cárcel (...). En conclusión, hijito, sigue confiando en mí, no los defraudaré jamás y si algún día salgo de esta residencia japonesa será porqie conseguí lo que ustedes esperan y sueñan con que se haga realidad: tener a su mamita fuera de prisión y volver a verla, tocarla, jugar con ella y engreírse en sus brazos."

Evidentemente, este gesto solo podía permitirse en privado, porque ante sus seguidores mantuvo sus gestos radicales, que fueron acentuándose  a medida que se intensificaba la guerar de declaraciones con el gobierno.

Nestor Cerpa Cartolini, había comandado a inicios de los noventa las llamadas Fuerzas Especiales del MRTA, encargado de secuestrar a empresarios y políticos de la época. El inicio de su prontuario delincuencial fue en 1978 cuando encabezo una agitada huelga en una fábrica que dejó un policía y tres trabajadores muertos, fue en la toma de una fábrica textil en la carretera central llamada Cromotex durante más de un mes.

El secuestro, los negociadores y el final de la toma
Las noticias del secuestro del MRTA a la residencia del embajador causaron que la Bolsa de Valores de Lima cerrara tres horas más temprano, dado que las acciones locales se desplomaron. El sentimiento de la población peruana en general puede ser resumido con un comentario de un editorial del periódico peruano más importante: "Es un revés de al menos cuatro años. Hemos regresado a ser un país sujeto al terror."

Por su parte, a una semana de la toma de la residencia japonesa, el 22 de diciembre, el presidente Fujimori anuncio oficialmente la situación sobre la toma de rehenes por parte del MRTA e indico publicamente que no aceptaría ayuda de otros gobiernos para enfrentar dicho problema. Mientras tanto, Néstor Cerpa Cartolini anuncio que hiba a liberar gradualmente a los rehenes si cumplian con todas sus exigencias. Como se mencionó líneas arriba, comenzo a liberar a las mujeres y ancianos y luego liberó a unos 225 hombres que serían liberados la primera noche del secuestro. A cada nombre que pronunciaba en voz alta una silueta se desprendía de la muchedumbre nerviosa: era un primer grupo de académicos, empresarios, cuatro embajadores latinoamericanos y europeos, un vocal supremo, algunos abogados y gente que el líder emerretista consideraba no involucrada con el Gobierno o la coyuntura política.


Los terroristas interpusieron una serie de demandas:

- La liberación de 465 de sus miembros de las prisiones en todo el país (incluyendo a la terrorista estadounidense recientemente condenada Lori Berenson y a la esposa de Cerpa).

- Una revisión de las reformas gubernamentales neoliberales de libre mercado.

- Señalaron al programa de asistencia extranjera de Japón en Perú como motivo de crítica, bajo el argumento de que esta ayuda beneficiaba solo a un estrecho segmento de la sociedad.


- También protestaron contra lo que denunciaron como condiciones crueles e inhumanas en las cárceles peruanas.

Los pocos rehenes que fueron liberados, que entre ellos estaban el político de izquierda Javier Diez Canseco y Alejandro Toledo entre otros, manifestaron que los terroristas eran jovenes entre 17 y 20 años y que daban la impresión de querer vivir más que sacrificarse por ideales revolucionarios. El grueso de emerretistas tenía entre 20 y 24 años en promedio. Algunos casi adolecente, como Marcos, un muchacho de quince años a quien Cerpa solía mantener de guardaespaldas, y una de las chicas, Melissa, quien aparentaba estar por los dieciséis. Mucho rehenes tenían la impresión de que era un combinado irregular, por las actitudes que sus integrantes mostraron desde los primeros días: antes de que el grupo electrógeno desfalleciera, en la primera cresta de la crisis, las mujeres emerretistas se interesaban más en ver las telenovelas que los noticiarios de la noche; los valores parecían entusiarse demasiado con la cantidad y variedad de provisiones que les llevaba la Cruz Roja, como cabría esperar de alguien que solo ha pasado provisiones; y, sin embargo, había un muchacho apenas de 22 años que todo el tiempo se mostraba ansioso por ejecutar a alguien.

Además, comentaron que cualquier intento de rescate a la fuerza, podría ser perjudicial para los rehenes ya que los terroristas estaban armados "hasta los dientes". Los subversivos estabán armados con fusiles AKM y un lanzagranadas RPG, de los que se usan para eliminar tanques en combate.

Los negociadores estaban conformados por el embajador canadiense Anthony Vincent, quien había sido brevemente rehén él mismo, el arzobispo Juan Luis Cipriani y un funcionario de la Cruz Roja. Mientras que Fujimori trataba de burcar asilo político para los emerretistas en Cuba, pero al 17 de enero las negociaciones se truncaron, ya que los emerretistas se percataron de ruidos extraños que provenían del suelo y además de un hueco en el jardin que no estaba antes.

En febrero, el periódico peruano La República informó la existencia de un "plan de intervención" secreto del gobierno, que involucraba la participación directa de fuerzas militares estadounidenses. El plan fue supuestamente concebido por la Agencia de Inteligencia Militar peruana y fue presentado al presidente Fujimori. El 17 de febrero, The New York Times escribió: "La participación de los Estados Unidos en el asalto es crucial, según el plan, que dice que los comandos provendrían de la Escuela de Comandos del Ejército Peruano y del Comando Sur de los Estados Unidos, con base en Panamá. En efecto, se acordó una cita con el presidente Fujimori y el primer ministro japones Ryutaro Hashimoto el 1ro de febrero en el hotel Sheraton de Toronto, Canadá para encontrar una salida rapida y sin muchas pérdidas. El primer ministro japones estaba preocupado por las noticias de constantes tensiones propiciadas por los policías alrededor de la residencia, que podían dar lugar a un desenlace indeseable. Hashimoto insistió en el pedido oficial japonés de que no se tomara ninguna acción violenta, por el elevado costo que arrojaban todas las predicciones. Por su parte, la respuesta de Fujimori fue que las provocaciones era parte de una estrategía para conocer la reacción y el estado en que se encontraban los terroristas dentro de la mansión. El primer ministro japonés vio sutilmente rechazado un nuevo ofrecimiento de ayuda en equipos o asesoría militar, a lo que Fujimori insistió en que tenía todo bajo control.

En marzo, el MRTA suspendio las conversaciones luego que manifestaran que escucharon ruidos debajo del piso de la residencia mientras que una parte de la prensa confirmaba dichos comentarios. La policia por su parte, movilizo tanques por la zona para encubrir los ruidos del a operación que estaban realizando, mientras que en las calles también colocanban parlantes a todo volumen con musica para aminorar los ruidos. En la primera semana de enero se comenzaron a cosntruir los tuneles que se iban a usar para la operación de rescarte. Para entonces, ya habían fracasado hasta tres planes para intervenir la residencia. La confusa información que se tenía desde dentro de la residencia y la altisima proyección de muertos hicieron desechar dichos planes.

A fines de abril, el embajador canadiense que estuvo en la mesa de negociaciones comento que daba la impresión que ya estaban por llegar a un acuerdo el MRTA y el gobierno peruano, pero todo fue una táctica para que Fujimori coloque elementos fisicos y políticos necesarios para un asalto.  A través de algunos objetos que la Cruz Roja dejaba en la residencia, se habían enviado microfonos para que algunos rehenes pudieran comunicarse con el exterior y brindar información necesaria sobre la situación de los rehenes y también información sobre la ubicación de los emerretistas.

A continuación, se podrá apreciar entrevistas exclusivas difundidas por el programa periodistico dominical Panorama, emitido el 6 de junio del 2010.





Fotos reales de los últimos momentos de los terroristas del MRTA en la residencia japonesa en Lima Perú.




















La mañana del 22 de abril tuvo la misma monotonía que las semanas previas. Los rehenes se habían habituado algunos de ellos ha impartir algunas clases de idiomas, cursos empresariales y otros temas que eran de interes de algunos terroristas. Entre los emerretistas el ambiente era similar. Néstor Cerpa se mostraba extrañado por la repentina desaparición de monseñor Cipriani los dos últimos días. No solo era el favor reciente que le había permitido intercambiar cartas con su hijo, sino que en realidad Cipriani había mostrado buena disposición y había sido un visitante constante de la residencia, donde no solo dialogaba con los cautivos, sino que mantenía un buen trato con los emerretistas, a quienes invitaba a participar de las misas de los domingos. Sus gestiones habían permitido reanudar el diálogo tras la denuncia del túnel y ahora, ante la rigidez de las posiciones, realizaba consulta con cada parte por separado. Sin embargo en los dos últimos días el obispo no se había presentado, aparentemente por un fuerte malestar en el estómago. Entonces, movido por un impulso propio de su temperamento voluble, Cerpa le escribió una pequeña carta que pensaba enviar con el delagado de la Cruz Roja, mostrando su respeto y preocupación por su salud y los deseos que se recupere lo más pronto posible. En dicha carta, Cerpa le decía que se sentía un poco culpable por el deterioro de su salud. A la hora en que redactaba esas líneas, los comandos de la Patrulla Tenaz estaban pro ingrear a los túneles, llamado los túneles de Chavin de Huantar. En el puesto del comando de una de las casas ocupadas por el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) el comandante Huamán Azcurra espera junto con el coronel Williams la señal que debía salir de la habitación ubicada exactamente frente a su ventana, era el cuarto formado por los dos ambientes donde estaba el dormitorio del embajador Aoki.

Luego de la señal del General Giampietri, que era el informante desde dentro de la residencia, comenzó la cuenta regresiva para ingresar a la residencia cuando se escuchara la primera explosión.



Fuente:
- Sombras de un Rescate de David Hidalgo
  Tras las huellas ocultas de la residencia del embajador japonés.

http://wapedia.mobi/es/Toma_de_la_embajada_japonesa_en_Lima



Elaborado por: Daniel Romero
Carrera Administración de Empresas de la UPC
Curso: Temas de Historia del Perú

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